REINADO DE WAMBA (672-680).
El misma día de la muerte de Recesvinto, los magnates y obispos presentes en el lugar, y “el pueblo” que habitaba la villa, violando los procedimiento de elección (aunque el lugar de la elección era legitimo pues estaba permitido el nombramiento de nuevo rey allí donde muriera el anterior), designaron a Wamba como rey. El nuevo soberano era, una vez más, de edad avanzada. Seguramente pertenecía al grupo de partidarios de Recesvinto, y los magnates que le eligieron quisieron asegurarse la elección de uno de los suyos, presuntamente poco problemático y en todo caso ya anciano, y evitar la intervención del clero en la elección, pues suponemos al clero hostil a Recesvinto.
Wamba rechazó la elección, alegando su avanzada edad que harían difícil que pudiera hacer frente a “los desastres que amenazaban el reino”, pero aceptó cuando uno de los magnates, un dux, le amenazo de muerte si no aceptaba la corona. Para no ser considerado un usurpador Wamba se traslado a Toledo, donde el metropolitano Quiricus, de grado o por fuerza, le coronó en Septiembre u Octubre en la Iglesia de los Santos Apóstoles.
No tenemos noticias de las actividades anteriores de Wamba. Se le identifica con un Vir illustris que aparece en el X Concilio de Toledo (656), pero no se sabe que cargo podía desempeñar en el momento de la elección.
Las fuentes principales para su reinado son cuatro:
La Historia Rebellionis Pauli adversus Wambam, escrita por Julián, diácono o sacerdote, y más tarde metropolitano de Toledo (desde Enero del 680 a Marzo del 690).
La Insultatio, también obra de Julián, en la cual se narran las relaciones tirantes entre la provincia de la Galia Narbonense y el resto del Reino, que indicaría la existencia de un principio de particularismo regional.
El Iudicium in tytannorum perfidia promulgatum, escrita seguramente en Nîmes por un autor anónimo.
Y una carta del jefe de la rebelión, Paulus, dirigida a Wamba.
La primera actividad de Wamba fue una campaña de los vascones. Si apenas consolidado en el trono decidió organizar una expedición contra los vascones, sería porque éstos estaban devastando la Tarraconense (la actividad de los vascones y sus consecuencias serían los desastres aludidos por Wamba). La campaña contra los vascones no debió llevarse a cabo en el invierno del 672, pues en estas fechas los vascones estarían refugiados en sus impenetrables montañas. Probablemente inició la campaña hacia el mes de Abril del 673, y el resultado inmediato de la noticia del avance del ejército real debió ser que los vascones no descendieron por el Valle del Ebro, y concentraron sus ataques hacia Cantabria. El rey se dirigió a esta región, y en el camino tuvo noticias de que se había rebelado en la Narbonense el conde de Nîmes, Hilderico, al que apoyaba el Obispo de Magalona Gumildo, y el abad Ranimiro, todos ellos de nacionalidad goda El Obispo de Nîmes, Aregius, no había secundado la rebelión y había sido depuesto por Hilderico, que lo había enviado encadenado al Reino de los Francos, colocando en su lugar a Ranimiro, que fue consagrado por dos Obispos del Reino Franco (la consagración de un Obispo exigía, legalmente al menos, la presencia de tres Obispos de la misma provincia según el canon diecinueve del IV Concilio toledano). Se deduce de todo ello un apoyo más o menos abierto de los Francos a la rebelión. No obstante el dominio rebelde era pequeño pues solo se extendía a una pequeña parte de la Septimania (el territorio de Nîmes y seguramente el de Magalona, la actitud de cuyo conde no se menciona).
Wamba no detuvo su marcha hacia Cantabria. Envió contra los rebeldes a un dux llamado Paulus (su nombre griego hace pensar que no era godo, pero de las fuentes contemporáneas nunca se sugiere que no lo fuera, y de hecho casi todos sus partidarios fueron godos ). Este marchó con tropas en dirección a la Narbonense, llegando seguramente a Tarraco, donde mantuvo contactos políticos con el dux de la Tarraconense Ranosildo. ¿Como se concibió el proyecto de rebelión?. ¿Estaba incluido Ranosildo en la conjura iniciada por Hilderico?. En todo caso la desvinculación de la Narbonense del Reino Visigodo era un hecho en la segunda mitad del Siglo VII, y seguramente afectaba también a la parte oriental de la Tarraconense, cuya relación natural era con el Norte. En cambio la región de Zaragoza se relacionaba más con Valencia y Toledo, y además era una zona muy afectada por los ataques vascones, lo que obligaba a una presencia constante de tropas visigodas que reforzarían la cohesión interregional, pero donde también podía crecer el descontento por la continuación de los saqueos vascones y la insuficiente respuesta real. Ranosildo sería el representante de la nobleza regional partidaria de una política que permitiera una mayor vinculación a los Francos y una lucha eficaz y directa contra los vascones; sin duda no pretendían una separación (pues el tema de la independencia regional surgió más tarde) pero si ejercer la hegemonía en Toledo, y usar las mayoría de las fuerzas del reino en beneficio de la Tarraconense en el aspecto militar, y concertar una alianza con los Francos en el plano político y seguramente económico.
De las conversaciones de Paulus y Ranosildo surgió una nueva rebelión. Una parte de la Tarraconense se levantaría contra Wamba y se sumaría a la rebelión de parte de la Narbonense. Uno de los Gardingos (antes fideles) del rey, llamado Hildigiso, se unió también a Paulus y Ranosildo.
Paulus fingió proseguir su camino para combatir a Hilderico, pero en el camino debió buscar el apoyo de otros magnates. Alguno de ellos rebeló la traición al Obispo Argebado de Narbona, ciudad que permanecía leal al rey. Argebado envió un emisario a Wamba notificando las intenciones de Paulus. No obstante las fuerzas de Paulus, que debían ser muy superiores a las del conde de Narbona, penetraron en la ciudad y la ocuparon. Se cree que poco después Argebado se unió a los rebeldes.
Una vez en Narbona Paulus se proclamó rey (Flavius Paulus), declaro depuesto a Wamba, y fue ungido y coronado con la corona de oro que Recaredo había donado a un Santuario de Gerunda. Hilderico y los suyos reconocieron a Paulus como rey. Toda la nobleza de la Narbonense y de la parte oriental de la Tarraconense (la actual Cataluña) se sumó a la revuelta, y el nuevo rey consiguió atraer a su partido, además de los nobles y obispos, a francos y vascones. Paulus exigió un juramente de fidelidad en las poblaciones que dominaba. La suerte del dux de la Narbonense es desconocida (no se menciona ni el personaje ni el cargo en ninguna de las narraciones), ni tampoco se menciona a los Obispos y condes de Lodeve, Carcasona y Beziers, ni al conde de Agde.
Wamba conoció la revuelta de Paulus estando en Cantabria a punto de atacar a los vascones de la depresión. Tras consultar con los primate (la alta nobleza palatina) que le acompañaban se decidió un ataque masivo contra los vascones, dejándose para después la lucha contra Paulus. Durante siete días las tropas visigodas penetraron en territorio de los vascones, saqueando los campos y quemando las casas, pero siempre permaneciendo en las zonas llanas sin acercarse en ningún momento a las zonas montañosas, donde los vascones se refugiaban y donde podían ser víctimas de emboscadas. Finalmente los vascones accedieron a entregar algunos rehenes y tributos, y seguramente se comprometieron a no ayudar a Paulus y a convencer a los otros jefes para que no lo hicieran.
Wamba pudo marchar entonces hacia Calagurris (obsérvese que evito cruzar el territorio vascón) y desde allí hacia Osca (Huesca), Ilerda y Barcino, donde capturo a diversos jefes rebeldes: Euredo (identificado con el personaje del mismo nombre presente en el VII Concilio del 653 con el título de conde, y que se cree que era el conde de Barcino), Pompedio, Gundefredo, el diácono Hunulfo y Neufredo.
Siguió hacia Gerunda que se le rindió, y cuyo obispo Amator (hispano-romano) había permanecido leal al rey a pesar de recibir una carta de Paulus en la que le invitaba a sumarse a su causa y le aseguraba que se invadirían las provincias de Hispania para acabar con el poder de Wamba.
Wamba dividió entonces su ejército en tres columnas: una de ellas remontaría el Segre, cruzaría la Cerretania (Cerdanya) y penetraría en la Narbonense por el río Tet; otra pasaría por Ausona (Vic) y desde allí llegaría hasta Ceret; y la tercera columna (al mando del rey) avanzaría por la vía romana que seguía la costa. En el camino las tropas reales tuvieron comportamientos propios de un ejército que cruza un país extranjero y hostil y saquearon y violaron a las mujeres; pero el rey castigo a los responsables con severidad, y a los violadores los hizo circuncidar.
Cuando cruzaba los Pirineos Wamba recibió una carta de Paulus en la cual se titulaba “rey ungido del Este” (y llamaba a Wamba rey del Sur). En la carta desafiaba al rey a un combate singular en Clausurae, no lejos de Ceret. Los términos de la carta de Wamba al hablar de un rey del Este y uno del Sur han dado pie a toda clase de especulaciones: particularismo regional o poca confianza en la victoria. Lo más probable no obstante es que Paulus se limitara a reflejar una situación existente de hecho: había efectivamente dos reyes, uno en el Este y uno en el Sur, pero cuando uno de ellos venciera volvería a haber un solo rey.
El rey tomó Caucoliberi (Cotlliure) y otras aldeas, y se presentó en Clausurae donde venció a las fuerzas rebeldes, capturando al dux Ranosildo y al gardingo Hildigiso o Eldigiso, que dirigían la defensa, junto a otros nobles godos. Un ejército formado por francos, que acudía en ayuda de la villa, huyó sin combatir. Witimiro, defensor de la fortaleza de Sordonia cercana a Llivia (Castrum Libiae o Julia Libia), huyó hacia Narbona donde informó a Paulus del desastre de Clausurae y de que las otras dos columnas ya habían alcanzado sus objetivos, eliminando las resistencias rebeldes (incluida la ocupación de Llivia, defendida por un Obispo llamado Jacinto, que se cree que pudiera ser de la diócesis de Elna o de la de Urgell, y por el noble godo Arangisclo que logró huir), y se habían unido a las fuerzas de la columna al mando del rey.
El ataque se dirigió seguidamente contra Narbona, a cuyo efecto acudieron las naves de la flota visigoda que atacaron por mar, mientras las fuerzas terrestres marcharon contra ella por diversos puntos. Paulus abandonó la ciudad hacia Nîmes, dejando el mando de Narbona a Witimiro, al que Wamba intimó a la rendición sin éxito. Las fuerzas del rey asaltaron la ciudad tomándola tras vencer una tenaz resistencia. Witimiro se refugió en una Iglesia con su espada y fue apresado. Fueron también capturados Argemundo (cuyo cargo desconocemos) y el primicerius Gultricia. Cerca de Beziers fue apresado Ranimiro, Obispo intruso en Nîmes, que había huido de Narbona antes de la entrada de las tropas regias. Lodeve, Beziers y Agde cayeron también en poder del rey, capturándose al Obispo Wiliesindo, a su hermano Ranosindo y a Arangisclo, el defensor de Llivia.
El siguiente ataque se dirigió hacia Magalona, defendida por el Obispo Gumildo. Ante un posible ataque por mar Gumildo huyó a Nîmes, y la ciudad fue tomada por Wamba con escasa oposición.
Quedaba el bastión de Nîmes donde estaba Paulus con un ejército compuesto por francos y visigodos. Fuerzas enviadas por el rey llegaron ante la ciudad el 31 de Agosto del 673; los defensores esperaban la llegada de refuerzos de los francos, y para anticiparse a su llegada el ejército real atacó la ciudad sin resultado positivo. Al final del día siguiente (en que los realistas volvieron a atacar la ciudad sin lograr tomarla) llegaron unos diez mil soldados godos al mando del dux Wandemiro o Waldemiro, y aquella misma noche, ya de madrugada, las puertas de la ciudad ardieron y las fuerzas del dux penetraron en Narbona, refugiándose los defensores en el anfiteatro de la ciudad, donde estalló la lucha entre ellos: los galos desconfiaban de los godos, de los francos y de Paulus; los francos desconfiaban de los godos; y los godos desconfiaban de los francos y los galos. Paulus no pudo imponer su autoridad y hubo de asistir a una gran matanza entre sus propios partidarios (2 de Septiembre). A lo largo del día Paulus consultó con sus colaboradores, y envió a Argebado, obispo de Narbona, a solicitar la clemencia real (mientras los partidarios del rebelde seguían luchando entre sí). El rey recibió a Argebado y accedió a terminar la lucha pero rechazó la petición de que los rebeldes no recibieran el castigo prescrito por las leyes. Las tropas visigodas controlaron la ciudad y se establecieron destacamentos para prevenir la llegada de tropas de los francos. Centenares de galos, francos, sajones, godos y algunos hispano-romanos fueron detenidos junto a Paulus (entre ellos Gumildo obispo de Magalona). El 20 de Septiembre los prisioneros francos y sajones fueron expulsados hacia su patria.
Paulus fue vestido con ropajes reales en forma de mofa, y fue conducido con sus colaboradores principales a presencia del rey (4 de Septiembre) y de los nobles de palacio, los gardingos y todo el Officium presente, y los mandos militares. Wamba les pregunto por el motivo de la rebelión, para la que no pudieron alegar ninguna ofensa, y les mostró su juramento de fidelidad firmado el 672 después de su acceso al trono; después fue leído el canon setenta y cinco del IV Concilio y la ley sobre rebelión de Chindasvinto. No obstante Wamba fue magnánimo y no los condenó a muerte ni los hizo cegar; fueron decalvados y sus bienes confiscados.
Por los mismos días fuerzas de los francos al mando de un duque llamado Lupus llegó hasta cerca de Beziers, pero se retiró al conocer la victoria del rey, y ante la presencia de las fuerzas visigodas leales en la región, que acudían al tener noticias de la presencia del duque.
En Narbona se estableció una guarnición visigoda y expulsó a los judíos de la ciudad (que probablemente habían tomado partido por Paulus). Para las ciudades de la Septimania se nombraron nuevos condes.
Pacificada la provincia licenció al ejército en Canaba, al Sur de Narbona, y regresó a Toledo, donde entró acompañado de Paulus y sus colaboradores, los cuales iban afeitados y descalzos y con vestidos muy gastados (Paulus además llevaba una corona falsa) que iban subidos en carros tirados por camellos. El populacho fue incitado a burlarse de ellos.
El 1 de Noviembre del 673 Wamba publicó su ley militar, que incluso obligaba al clero a movilizarse contra enemigos extranjeros y usurpadores. El que no acudiera a las movilizaciones sería señalado afrentosamente, recibiría doscientos azotes y pagaría una libra de oro.
El 674 Wamba realizó diversas construcciones en Toledo, y el 675 convocó un Sínodo de Obispos de la Cartaginesa (XI Concilio de Toledo, algunas de cuyas disposiciones esencialmente de disciplina eclesiástica son tratadas en las cuestiones religiosas) y un Sínodo de Obispos de Galicia (III Concilio de Braga), pero parece que las relaciones con el clero no mejoraron. Wamba impuso al metropolitano de Mérida, Esteban, el nombramiento de un Obispo llamado Cuniuldo para el monasterio de Aquae (Lusitania), y parece que también decidió nombrar obispos en villas menores y en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Toledo (vulnerando la regla de que no debía haber dos obispos en una misma ciudad a la que ya nos hemos referido con anterioridad).
Al Sínodo de Toledo del 675 (XI Concilio) celebrado el 7 de Noviembre en la Iglesia de Santa María sabemos que asistieron diecisiete obispos personalmente y otros dos representados por sus diáconos (los de Segovia y Ergávica o Ercávica o Arcávica), además de cinco abades.
Durante su reinado parece haberse dedicado a la restauración de vías, acueductos y otras obras. Un combate contra navíos árabes es incierto.
El 30 de Enero del 680 el cronista Julián fue nombrado metropolitano de Toledo.
Las circunstancias del final de su reinado resultan de las actas del XII Concilio de Toledo (inaugurado el 9 de Enero del 681). Se cuenta allí, a petición del nuevo rey Ervigio, que Wamba se había sentido mortalmente enfermo el domingo 14 de Octubre del 680 y con tal motivo, como era costumbre, vistió el hábito monástico y fue tonsurado en presencia de la nobleza palatina. Pero después se recupero milagrosamente, aunque como ya estaba incapacitado para reinar a causa de la tonsura (canon diecisiete del VI Concilio) renunció y designó sucesor al conde palatino Ervigio mediante un documento firmado y atestiguado por los magnates palatinos, redactando además un escrito dirigido a Julián, conminándole a ungir rey a Ervigio cuanto antes. Así narraron los hechos los obispos y tal fue la versión oficial que debió ser creída por los contemporáneos.
Pero es evidente que la necesidad de explicarlo (impuesta por el nuevo rey) suponía que habían corrido rumores de que Ervigio había tenido algo que ver en los sucesos y éste deseaba acallarlos. No sabemos que veracidad tenían tales rumores, pero en todo caso es improbable que Wamba aceptara los cánones que implicaban su deposición y en cambio no respetara los que fijaban la forma de elección del nuevo soberano (que no podía ser designado). Una referencia del XII Concilio deja entrever que Wamba no aceptó su deposición y trató de recobrar el trono, lo cual no estaría reñido con el nombramiento de un sucesor hecho cuando pensaba que iba a morir (ambas cosas serían ilegales). En todo caso está claro que el clero no le apoyaba, y que Ervigio supo captarse el apoyo de muchos nobles, pues de haberlo querido así los principales cargos palatinos y los obispos, la ley que impedía reinar a un tonsurado podía haber sido obviada (como lo fue la de la elección) o cambiada.
La muerte de Wamba acaeció algún tiempo después. Unos autores indican que se había retirado al monasterio de Pampliega, cerca de Burgos, donde murió siete años y siete meses después (es decir hacia Mayo o Junio del 688; otros dicen que murió a los pocos meses. Zeumer en Neues Archiv des Gesellschaft für ältere deutsche Gesichteskunde indica la fecha del 4 de Noviembre del 683).