EL VALLADOLID MOZÁRABE
Los mozárabes eran cristianos que en tiempos convivieron pacíficamente con los musulmanes, en las tierras dominadas por éstos, conservando su liturgia cristiana y sus costumbres. Para los reyes castellanos y leoneses de la reconquista, era un problema la repoblación de las tierras conquistadas. Se hacía principalmente con gentes que venían de Asturias y Galicia e incluso francos, pero también eran bien recibidos los mozárabes, quienes, desde el sur, buscaban aquí trabajo, huyendo de los fanáticos almorávides o de los almohades, que perseguían a cristianos y judíos. Estos repobladores aportaban sus métodos de trabajo, encontrando en los nuevos territorios restos de antiguas edificaciones visigodas e incluso romanas. Todas estas aportaciones arquitectónicas: la romana, la visigoda, la asturiana y la mozárabe, hicieron florecer un nuevo estilo en el que se mezclan las esencias de la radiante cultura cordobesa con las antiguas bases godo-bizantinas y romana.
El foco más importante del mozarabismo se encuentra por encima del Duero, tierras de León y del occidente de Castilla. SAN CEBRIAN DE MAZOTE es pieza clave junto con San Miguel de Escalada en León. La iglesia mozárabe de San Cebrián consta de tres naves divididas por columnas de mármol, con magníficos capiteles, corintios y clásicos, algunos tan perfectos que se les tiene por obra de artistas asiáticos, otros de tradición visigoda, de tipo asturiano, y otros mozárabes de estilo leonés. Arcos de herradura, más morunos que los de los mismos moros, más cordobeses que los de Córdoba. Sobre los arcos de las naves existen inscripciones de los que trabajaron en la obra, algunos árabes y otros que indican su condición de clérigos. Por estas inscripciones se sabe que la basílica de San Cebrián, o San Cipriano, fue fundada hacia el año 915 por el monje Martín, que se trajo de Córdoba a sus alarifes.
Junto a esta iglesia mozárabe se encuentra lo que fue monasterio de monjas dominicas, fundado en 1305 por doña Teresa Téllez de Meneses. En este convento estuvo recluida la madre de don Juan de Austria, doña Bárbara Blomberg. Esta señora parece ser que llevaba en Flandes una vida un tanto disipada. Sobre su compostura, el duque de Alba escribía al rey diciendo que era "tan ligera de cascos como dura de mollera", por lo que queriendo sacarla de Flandes, se recurrió a un engaño, y con la excusa de haber sido invitada a Italia por la duquesa de Parma, cuando quiso darse cuenta doña Barbara se vio metida entre las cuatro paredes de este monasterio de dominicas en los montes Torozos. Durante tres años estuvo aquí doña Bárbara hasta que fue autorizada a trasladarse a Colindres en Cantabria, de donde era su mayordomo, y donde vivió el resto de sus días, estando enterrada en el convento de Montehano, cercano a Santoña en Cantabria.
A la vera de los Montes Torozos, en hondo llano regado por el Hontanija, se asienta este viejo lugar de WAMBA, que en época visigótica se llamó Gérticos, reserva de caza y lugar de recreo de aquellos reyes godos que se nombraban por elección. Cuentan que, hallándose enfermo Recesvinto, resolvió venir a Gérticos por si le mejoraba el cambio de aires. No fue así y murió el 1 de septiembre del año 672, siendo enterrado en el monasterio de esta villa. Aquí residía o aquí se hallaba un anciano godo de reconocida fama, de nombre Wamba, que sus compañeros pensaron sería un buen sucesor del rey muerto. El viejo guerrero se negaba a aceptar el cargo, hasta que los nobles le convencieron a punta de espada. Desde entonces esta villa cambió su nombre por el del nuevo rey.
A lo que quedaba de aquel antiguo monasterio de Santa María, donde fue enterrado Recesvinto, vinieron en el siglo X monjes mozárabes que huían de la Córdoba musulmana y aquí fundaron una comunidad. En el siglo XII Wamba se convierte en encomienda de los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan, que reedificaron el monasterio, pero años después desaparece manteniéndose la iglesia, que conserva su cabecera y crucero mozárabe. El resto del templo es construcción románica con escudos de la Orden de San Juan. Aparte de arcos de herradura, pilares con capiteles y pinturas mozárabes, esta iglesia de Wamba tiene varias cosas interesantes, en primer lugar tres sepulcros, en uno de los cuales se dice está enterrado el rey godo Recesvinto. Pero lo que más llama la atención es el osario en una capilla del antiguo claustro. Este osario de Wamba es la mayor colección de calaveras y huesos humanos que existe en España. Antiguamente se celebraba una Misa de Animas, la noche del 1 de noviembre; el viento hacía oscilar las llamas de los cirios y candelas y las sombras simulaban guiños y muecas de las calaveras.
En las cercanías de estos dos pueblos mozárabes se hallan situados otros de gran interés turístico. MOTA DEL MARQUES está situada al pie de una colina o mota, a la que debe su nombre el pueblo, en cuya cima se alzan las ruinas de un castillo. La iglesia de San Martín fue fundada por el deán de la catedral de Cuenca en 1525. El proyecto fue obra de Rodrigo Gil de Hontañón, famoso aquitecto que construyó el palacio de Monterrey de Salamanca y la Universidad de Alcalá de Henares.
De este mismo arquitecto es el palacio de los Ulloa, del año 1550, palacio rural no frecuente en Castilla. Consta de un patio abierto en forma de "U" poco profunda, de tres lados, con galerías de dos pisos. La ermita de Santa María de Castellanos, donde se da culto a la patrona del lugar, es el único resto del monasterio fundado por los Caballeros Teutones de Prusia, en 1212. Esta Orden se estableció aquí con ánimo de servir de protección a los peregrinos de Compostela, que procedentes del sur de la Península utilizaban la antigua vía romana de la plata. Finalmente este monasterio pasó a depender de los Caballeros del Santo Sepulcro.
En el valle del río Hornija y en una intersección de caminos que le dio importancia militar, se encuentra situado el pueblo de TORRELOBATÓN. En 1392 formaba parte del señorío de los Almirantes de Castilla. Una nieta del primer almirante, doña Juana Enríquez, celebró sus bodas en 1444 en el castillo de Torrelobatón con el rey don Juan II de Aragón y Navarra. Fruto de este matrimonio fue don Fernando el Católico. Pero el hecho histórico que ha dejado marcado a Torrelobatón tiene su origen en la guerra de las Comunidades. El castillo de esta villa fue el objetivo de los 7.000 infantes y 500 lanzas que al mando de Juan de Padilla, se presentaban a finales de 1521 al pie de sus murallas. Contra estas fuerzas comuneras, defendieron la plaza las gentes del Almirante y del conde de Haro, pero tras de entrarla a viva fuerza, apoderáronse los comuneros del castillo. Mientras Padilla se creía seguro en la conquistada fortaleza, la realidad era que, cansadas ya las fuerzas comuneras, desertaron las mejores lanzas y cuando Padilla pensó en la retirada era ya tarde.
Aun no había amanecido el 22 de abril, cuando salía de Torrelobatón, desmoralizado y sin ánimos, el ardoroso tropel invasor de dos meses antes. Venían sobre él por retaguardia las fuerzas reunidas en Medina de Rioseco; los de Tordesillas por vanguardia; los de Simancas en dos alas, sobre los costados. Del cielo, un aguacero formidable que dificultaba el avance de las cabalgaduras, y el arrastre de la artillería, metida en barro hasta los ejes. Padilla quería llegar a todo trance hasta Toro, pero no le fue posible pasar de Villalar. El encuentro fue terrible y muy desgraciado para las huestes comuneras. Aun se recita por estos pueblos aquella célebre estrofa:
" Anochece ya en los campos,
sólo se oye el gritar
de comuneros heridos que
acaban de rematar".
Mucha historia pesa sobre estas tierras vallisoletanas. El castillo de Torrelobatón no volvió a jugar papel relevante en la historia de la villa que protege. En los últimos años cincuenta fue transformado en silo de trigo y en ello sigue.