Del cielo cayó una rosa
vestida de terciopelo;
yo la cogí entre mis brazos
para que no cayera al suelo.
Carmen la puse por nombre,
porque yendo en mi velero
la vi desprenderse radiante,
como una estrella del cielo.
Si del cielo cayó,
como imagen, la adoré,
nunca un beso, yo la di
su pureza respeté.
Del cielo cayó una rosa
que eres tú, ¡cariño mío!.
Carmen la puse por nombre,
Y uní tu nombre en el mío
¡¡¡ Y uní tu nombre en el mío!!!
Ezequiel Conde, Cheque