La iglesia parroquial de Santa María conserva vestigios de esa época y de las
que la siguieron, por lo que en ella hoy veremos restos mozárabes, románicos y
góticos, incluido un ara romana dedicada a Júpiter. Ayudó mucho el hecho de que
allí se instalase un importante monasterio en tiempos de la hegemonía de los
monarcas leoneses, llegando a ser, en el siglo XII, basílica de la Orden de los
Caballeros de San Juan de Jerusalén. Dentro de la iglesia se conserva un curioso
y sugestivo osario, uno de los más grandes y llamativos de esta parte de la
península. También han aparecido restos arqueológicos en su término municipal,
como piezas de sílex talladas de tono opaco amarillento, posiblemente
eneolíticas.
La iglesia de Santa María, tal y como está estructurada hoy
día, cuenta con tres naves, un crucero no señalado en planta y tres capillas
rectangulares en la cabecera. El crucero y la cabecera son de época mozárabe,
del siglo X. Se trata de un espacio muy compartimentado, separado con pilares
sencillos que soportan arcos de herradura. Uno de los pilares del lado de la
Epístola conserva un capitel tallado a bisel con formas vegetales estilizadas.
Algunas bóvedas son de cañón, con generatriz de herradura y otras han sido
rehechas. El cuerpo de la iglesia es románico de finales del siglo XII; consta
de tres naves separadas por pilares compuestos de núcleo rectangular y columnas
adosadas, con capiteles de tres tipos: con motivos vegetales, con figuraciones
animalísticas y monstruosas, y con representaciones historiadas, como el Pecado
Original, la Gula, el Peso de las Almas y otras. Los arcos son apuntados y de
rosca doblada y la cubrición es de madera. Entre las portadas destaca la de los
pies, que tiene un tímpano y va protegida por un tejaroz con canecillos
decorados con figuras de animales y cabezas humanas. Las tres columnas de las
jambas llevan capiteles con decoración animal y vegetal y las arquivoltas se
decoran con lóbulos y gruesos boceles.
En el muro del testero de la capilla mayor se conservan
restos de pintura al fresco que parecen imitar la decoración de una tela
oriental. Entre la imaginería que conserva la iglesia hay que destacar un Cristo
en madera policromada del tercer cuarto del siglo XVI, de clara influencia
berruguetesca, que se acerca a los tipos de Francisco Giralte. Entre los
retablos hay que fijarse en un retablo de pintura de principios del siglo XVI,
de dos cuerpos y tres calles, con una arquitectura de estilo plateresco. La
tabla central representa la Epifanía, flanqueada por Santa Catalina con un
donante y San Pedro y San Pablo. En el espacio homónimo se encuentra la escena
del Llanto por Cristo Muerto, flanqueada por San Juan Bautista, con donantes
femeninos y San Miguel, con donantes masculinos.